Analògies Reflexions

Quan el dolor d'una persona no assabenta la consciència d'una altra.

Cuando el dolor de uno no limpia la conciencia de otro

A raíz de un video de YouTube y de un post que publiqué tiempo atrás, necesito aclarar algo importante.
El dolor y la experiencia de una persona no limpian los relatos ni los hechos de otra.

Compartir una vivencia no puede utilizarse para blanquear historias ajenas, especialmente cuando quien escribe ha vivido el proceso desde dentro.

Hay algo que he ido entendiendo con el tiempo, y creo que merece ser dicho con calma, sin ruido y sin necesidad de señalar a nadie.

Cuando una persona pone palabras a lo que ha vivido, no está dando permiso para que otros reescriban la historia a su favor. El dolor de alguien no convierte automáticamente a nadie más en inocente. Contar una experiencia propia no es acusar; es ordenar por dentro lo que durante mucho tiempo estuvo revuelto.

He compartido partes de lo que he vivido porque forman parte de mi proceso de duelo y de reconstrucción. No para atacar, ni para señalar, ni para limpiar la imagen de nadie. Lo he hecho porque poner palabras me ayuda a no perderme, a recuperar criterio y a no volver a dudar de lo que sentí y viví.

La trampa del relato reutilizado

A veces aparece una trampa sutil, casi invisible: cuando el relato de uno es utilizado por terceros para justificarse, blanquearse o colocarse en una posición moral más cómoda. Y ahí es donde conviene parar un momento y ser claros.

Que una relación haya sido dura para mí no convierte automáticamente a los demás en personas que actuaron bien. Que yo haya tenido que marcharme no borra conductas graves, límites traspasados o situaciones injustas. Que yo explique lo que viví no elimina provocaciones ni responsabilidades ajenas.

No hace falta entrar en detalles para entender lo esencial: en una historia compleja puede haber más de un error, más de un dolor y más de una responsabilidad. Reducirlo todo a buenos y malos solo sirve para tranquilizar conciencias, no para sanar de verdad.

El silencio también es una forma de criterio

Hay otra idea importante que quiero dejar clara. No explicarlo todo no significa que no haya pasado. Hay silencios que no nacen del miedo, sino de la protección. No todo lo vivido tiene que hacerse público. No todo lo que se calla es porque no exista.

A veces el límite más sano es no exponer más de lo necesario. Cuidar lo que se cuenta también es una forma de madurez emocional. El silencio, en muchos casos, no es ausencia de verdad, sino una manera de no seguir dañándose.

Cuando los logs no están completos

En tecnología hay algo básico que cualquiera que haya analizado un sistema sabe: mirar solo una parte de los logs nunca te da la imagen real. Puedes detectar un error en un módulo y, al mismo tiempo, tener otros procesos igual de corruptos funcionando en segundo plano. Que un fallo sea visible no significa que los demás desaparezcan.

El sistema no se vuelve limpio porque alguien señale un único error. Y en las relaciones pasa exactamente lo mismo. La realidad no se simplifica porque convenga a alguien.

Ordenar no es atacar

Explicar lo que he vivido no es una arma. Es una forma de no volver a perderme dentro de relatos que no me pertenecen. No busco culpables externos, ni aliados, ni justificaciones. Busco algo mucho más simple y, a la vez, más profundo: no traicionarme a mí mismo.

Y eso incluye no permitir que mi experiencia sea utilizada para lavar historias que no han sido limpias.

Avanzar también es esto: poner límites al relato, no solo al contacto.

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