Quan la ràbia torna encara que ja estigui millor
Aquests dies m'he adonat d'una cosa que no m'esperava. ...
A medida que avanzas, te vas sintiendo mejor. Ya no tienes aquellas bajadas tan intensas ni tan profundas y eso se nota. Pero eso no significa que ya estés bien del todo ni que te sientas en tu mejor momento. Es una transición rara, como si estuvieras entre dos mundos: el de antes, que ya no existe, y el que viene, que todavía no está construido.
A veces sientes que vas hacia atrás, aunque no sea real. Y hay momentos en los que te preguntas dónde estás exactamente, como si caminaras por un pasillo que no termina nunca. No sabes si falta mucho o poco, solo sabes que mirar atrás ya no es una opción, porque lo único que queda allí es un vacío enorme al que no quieres volver. Por eso esta etapa tiene algo agridulce: sabes que estás saliendo, pero aún no has salido.
Lo curioso es que notas la mejora. No porque estés eufórico, sino porque tienes más criterio interno. Los pensamientos intrusivos duran menos, ya no te arrastran tan lejos y te conoces mejor. Ya no estás perdido, ya no necesitas adivinar qué te pasa, ya no estás en ese punto donde todo era supervivencia y alarma.
En este tramo pasan cosas pequeñas que lo dicen todo. No hay grandes victorias, hay microajustes. Es como cuando algo que había estado apagándose de golpe empieza a funcionar otra vez. Ya no se bloquea, ya no consume toda tu energía, ya no te apaga la batería del cuerpo y de la cabeza en cuestión de horas. Pero tampoco está fino, ni falta hace que lo esté.
A veces notas que todavía hay avisos, pequeñas lentitudes, señales raras, pero si miras el conjunto es evidente que ya no vives en emergencia permanente. Antes cualquier cosa te hacía colapsar y ahora hay margen, hay tiempo, hay respuesta. Y eso ya es mucho más de lo que parece.
Esta parte es fácil confundirse. Si solo miras el detalle, puedes pensar que vas para atrás. Si miras el proceso, sabes que no. Sabes que antes ni siquiera arrancabas y ahora, al menos, puedes caminar.
Sabrás si te falta mucho o poco cuando empieces a sentir sin miedo, cuando puedas abrirte un poco a personas nuevas, cuando puedas permitirte ser vulnerable sin sentir que el mundo se va a derrumbar. No hablo de enamorarte ni de exponerte como antes, hablo de algo más simple: que tu corazón vuelva a tener permiso para latir sin estar vigilando.
No significa que no te protejas, significa que ya no necesitas blindarte para existir. Ahí pasa algo muy concreto: ya no estás aislado. Ya no estás sobreviviendo. Estás volviendo.
Y cuando eso ocurre, aunque sigan quedando ajustes, aunque sigan quedando miedos y recuerdos y alguna espina del pasado, sabes que estás mejor. No porque lo digan los demás, sino porque lo sientes tú. Porque un sistema que vuelve a permitir conexión, es un sistema que ya ha elegido seguir vivo.
Leave A Reply