“Esto también pasará”: visto desde el amor
Una frase sencilla que cambia la perspectiva Hay una frase muy ...
Llevo ya muchos días con un cambio en mí: llegó ese día donde la intensidad iba bajando y empezaba a recuperar mi vitalidad y energía. Todo este proceso, en parte sigue. Mi vitalidad es mayor, pero mi energía ha empezado a bajar. El dolor que antes era intenso ya no lo es, pero se ha convertido en un dolor profundo.
Probablemente porque mi cuerpo ya no está en alerta, ya no está en modo supervivencia y puede empezar a abrirse para sentir. Mi dolor es un dolor de corazón y alma, se mueve por esa zona, y es bastante interno, bastante profundo.
Y no es que piense que me equivoqué en salir, no es que mi corazón pida volver con ella. Es que mi corazón y mi cabeza siguen sin entender actitudes y hechos, siguen sin comprender cómo alguien puede ser así. Alguien que se sabe la teoría porque habla mucho de ella, pero no la pone en práctica, sino todo lo contrario.
Entonces mi mente recuerda momentos buenos mientras intenta olvidar los malos, cuando realmente los malos son los que me han hecho llegar donde estoy: adelgazar hasta los 62.5 kg con 1,90 m. Actualmente he recuperado algo, pero sigo sin estar donde siempre he estado. Me muevo alrededor de los 65 kg – 65.5 kg y no consigo subir.
Mi apatía ha aumentado, mis días son aburridos, nada me da alegría y eso me hace sentir menos vivo y con menos energía.
Sé que todo esto es un proceso y que soy consciente de ello. Eso es lo que me hace sentir que estoy bien en el proceso, que lo estoy haciendo bien, que el camino es el correcto.
Mi camino es como el del Ermitaño del Tarot: con sabiduría, sin prisa y mirando con mi propia luz el camino a seguir. La soledad es ahora mi salvación. No perderme en buscar nada fuera, sino buscar dentro de mí. Sacar todos los recuerdos y analizarlos para aprender.
No deseo a nadie que pase por lo mismo, para nada. Pero es la relación donde más aprenderé, y donde espero haberme sacado la maestría para que en un futuro pueda detectar las señales a tiempo. Tener el valor para salir pronto, no justificar lo injustificable y no creer que, si hay un patrón, conmigo será diferente.
Uno puede ayudar, pero nadie podrá hacer el trabajo por ti.
El duelo traumático tiene una fase que casi nadie explica:
cuando la intensidad baja… aparece el dolor profundo.
No es retroceso.
No es recaída.
Es tu sistema nervioso dejando de sobrevivir y empezando a procesar.
Sentir no es fracasar.
Sentir es sanar.
Y este tipo de procesos —lentos, honestos, incómodos— son los que de verdad te transforman.
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