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“Esto también pasará”: visto desde el amor

“Esto también pasará”: visto desde el amor

Una frase sencilla que cambia la perspectiva

Hay una frase muy simple que debemos recordarla también cuando pensamos en las relaciones de pareja. No es una frase complicada ni especialmente profunda a primera vista, pero cuando la entiendes de verdad cambia bastante cómo miras lo que te pasa.

La frase es esta: esto también pasará.

La escuché hace años a través de un cuento antiguo, uno de esos cuentos que parecen sencillos pero que, cuando los vuelves a recordar en ciertos momentos de la vida, empiezan a tener mucho más sentido.

El cuento del anillo del sabio

La historia habla de un rey que pidió a los sabios de su corte algo muy extraño. Les pidió una frase que pudiera servirle tanto en los momentos más difíciles como en los momentos de mayor gloria. Algo que le ayudara a no hundirse cuando todo fuera mal, pero también a no perder la cabeza cuando todo le fuera bien.

Los sabios estuvieron pensando durante días, pero ninguna frase parecía servir para las dos situaciones. Hasta que un anciano se presentó con un anillo sencillo. Dentro del anillo había una inscripción, muy pequeña, casi escondida.

Le dijo al rey que solo la leyera cuando realmente lo necesitara.

Pasó el tiempo y un día el reino fue atacado. El rey tuvo que huir a caballo por el bosque, perseguido por sus enemigos. Cabalgó durante horas hasta que llegó a un punto en el que el camino se terminaba. Delante tenía un precipicio y detrás escuchaba a quienes lo buscaban cada vez más cerca.

En ese momento, con el corazón acelerado y sintiendo que todo estaba perdido, recordó el anillo. Lo abrió y leyó la frase grabada en su interior.

Decía: “Esto también pasará.”

No solucionó el problema de golpe, pero algo dentro de él cambió. Dejó de sentir esa desesperación absoluta. Respiró. Esperó. Y poco a poco la situación se fue moviendo. Los perseguidores perdieron su rastro y el rey consiguió escapar.

Meses después recuperó su reino. Hubo celebraciones, gente aclamándolo, fiestas por todas partes. En medio de todo ese ruido volvió a mirar el anillo. Y leyó otra vez la misma frase.

Esto también pasará.

Y en ese momento entendió algo distinto. Que ni el dolor es eterno… ni la gloria tampoco.

Lo que este cuento tiene que ver con las relaciones

Con las relaciones de pareja pasa algo muy parecido, y esto es algo que ya sabia pero que en ciertos momentos veía casi imposible, sobre todo después de haber vivido una relación que me removió bastante por dentro.

Cuando una relación empieza, todo parece intenso, especial, único. Hay una sensación de conexión muy fuerte, mucha ilusión, mucha energía. Es fácil pensar que ese estado es el amor en sí mismo y que debería durar siempre así. Pero ese estado no dura, tampoco con una relación sana.

No porque el amor desaparezca, sino porque las relaciones cambian de fase. La intensidad inicial, que en parte también es química, deja paso a algo más real: convivir, conocerse de verdad, ver las diferencias, aprender a gestionar conflictos, descubrir las partes menos idealizadas del otro.

Si no entiendes esto, puedes empezar a pensar que algo se ha roto cuando en realidad lo único que ha pasado es que la relación ha dejado de vivir en la fantasía.

Cuando el dolor parece eterno

Pero lo curioso es que el mismo principio funciona al revés.

Cuando una relación termina o cuando se vuelve dolorosa, el sufrimiento parece infinito. Parece que esa sensación no va a bajar nunca. La mente empieza a darle vueltas a todo: lo que pasó, lo que podrías haber hecho diferente, lo que el otro hizo o dejó de hacer.

Yo he estado ahí, y durante un tiempo parece que tu cabeza y tu cuerpo viven en ese estado todo el día.

Pero con el tiempo algo cambia. No porque olvides lo que pasó, sino porque la intensidad emocional no se puede sostener para siempre. El sistema nervioso necesita volver a un equilibrio y poco a poco lo que antes parecía insoportable empieza a bajar.

Cuando miras atrás te das cuenta de algo curioso: igual que el enamoramiento no era eterno, el dolor tampoco lo es.

Aprender a mirar las relaciones con perspectiva

Creo que una de las cosas más útiles que podemos recordar en las relaciones es justamente esa frase del anillo. No para relativizar lo que sentimos, ni para decirnos que nada importa, sino para tener perspectiva.

Cuando todo parece perfecto, recordar que esa fase también pasará te invita a no quedarte solo en la emoción del momento y empezar a construir algo más profundo, y cuando todo se rompe, recordar que el dolor también pasará te da algo de aire para atravesarlo sin pensar que tu vida se ha quedado congelada en ese punto.

En mi caso, entender esto no ha borrado lo vivido ni lo que he aprendido de ello pero sí me ha ayudado a no quedarme atrapado en un momento concreto de la historia.

Las relaciones, como casi todo en la vida, son procesos. Cambian, evolucionan, a veces se rompen, a veces se reconstruyen de otra forma, y quizá una de las formas más sanas de vivirlas es recordar que los estados emocionales, incluso los más intensos, no son permanentes.

Ni cuando todo parece perfecto. Ni cuando parece que todo se ha roto. Esto también pasará.

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