Dol després d'una relació tòxica: quan el cos deixa de sobreviure i comença a sentir
Fa dies que noto un canvi en mi mateix: ha arribat aquell moment...
En EmotionsDev hablo mucho de procesos, de fases, de reconstrucción y de duelo. Pero hay algo igual de importante que durante mucho tiempo me costó integrar de verdad: aprender a mirar lo que ya está bien, lo que ya sostiene, lo que ya funciona aunque una parte importante de la vida todavía esté abierta. Este texto no nace para convencerme de nada ni para tapar carencias. Nace para ordenar con honestidad y reconocer una realidad que existe, incluso cuando a veces no la pongo en primer plano.
Durante mucho tiempo mi atención se iba directa a una ausencia concreta: el amor de pareja, la experiencia compartida, el proyecto de vida con alguien, y es lógico. Cuando algo importante no está, ocupa mucho espacio interno. Pero con el tiempo he entendido que mirar solo lo que falta acaba distorsionando la percepción del conjunto, porque que una parte esté pendiente no significa que todo lo demás esté vacío.
Cuando paro, bajo el ruido y miro con calma, la evidencia es clara: mi vida está llena de vínculos reales. Tengo una familia que me ama y me acompaña. No idealizada, pero presente. Tengo amigos de verdad, de los que desean lo mejor sin competir, de los que se alegran cuando te va bien y no desaparecen cuando te ven vulnerable.
Y no solo amigos cercanos. También amigos de mi familia, vecinos, personas a las que hace tiempo que no veo pero que, cada vez que coincido con ellas, me transmiten cariño genuino y se toman el tiempo de decírmelo. Eso no es poca cosa. Eso deja huella.
Gracias a mi familia —y especialmente gracias a mi madre— puedo vivir experiencias que nunca habría imaginado, como ir a eventos exclusivos o moverme en contextos que amplían la mirada y la conciencia de lo que es posible. También tengo muchísima suerte con mi cuñado y con su familia, personas buenas, coherentes, humanas, de esas que no hacen ruido pero generan hogar.
Además, la vida me ha ido regalando oportunidades, sorpresas y situaciones que no forcé y que aparecieron cuando estaba alineado. Cosas que, tiempo atrás, no habría sabido ni imaginar.
Con los años he aprendido a reconocer aspectos de mí sin vergüenza. Tengo un hijo maravilloso que me recuerda cada día lo que importa de verdad. Tengo un buen trabajo que me da estabilidad. Soy una persona creativa y muy sensible: puedo escribir canciones, cuentos, libros, transformar lo que siento en algo con sentido.
Soy detallista. Me preocupo por los míos. Cuido cuando alguien lo necesita. No sé amar a medias. Y hay una verdad que el tiempo me ha confirmado una y otra vez: cuando me propongo algo y me enfoco de verdad, lo consigo. No siempre rápido ni fácil, pero llega.
Y aun así, hay una parte que sigue abierta: el amor de pareja. No lo digo desde la queja ni desde el vacío, sino desde la honestidad. Todavía no he vivido la experiencia amorosa que siento que puedo vivir. No he encontrado aún a alguien con quien compartir todo esto de una manera sana, tranquila y recíproca.
No alguien a quien rescatar sino alguien que quiera estar, mirar, construir y disfrutar. Alguien que pueda ver lo que ya hay y no quiera cambiarlo, minimizarlo o ponerlo a prueba. Alguien que sienta ilusión y admiración por lo que soy, igual que yo por lo que es.
Cuando llegue ese momento, me encantará compartirlo. Porque si algo he entendido es que una de las cosas más bonitas de esta vida no es solo ser feliz, sino compartir la felicidad y los momentos buenos con las personas que amas. Tengo muchas ganas de eso, de compartir, de construir y de formar también mi propia unidad familiar.
Mientras tanto, sigo cuidando lo que ya tengo, sigo agradeciendo y sigo confiando. Porque todo esto que ya existe también es amor. Y no es poco.
(Demà – Podeschva)
Leave A Reply