Què vaig demanar als Tres Reis Mags? De deixar anar el passat i tornar a ser jo mateix.
Què vas demanar als Tres Reis Mags? Avui és el sisè...
La memoria corporal no suele avisar. Se manifiesta cuando, en teoría, ya estás mejor, cuando mentalmente has avanzado, pero el cuerpo sigue reaccionando como si nada hubiera terminado. Y eso suele desconcertar mucho.
Hoy quiero hablar de la memoria corporal y de cómo me está afectando a mí después de todo el proceso que he vivido.
Recuerdo al principio, cuando empecé con el duelo, cómo mi mente iba tan acelerada que encajaba perfectamente con lo que sentía mi cuerpo. Mi mente estaba en modo desintoxicación y mi cuerpo lo vivía como una abstinencia constante. Tenía muchísima ansiedad.
En esa época fumaba a diario, entre tres y cuatro cigarrillos, y no me arrepiento. Incluso lo agradezco, porque fue una de las pocas cosas que me ayudaba a sostener toda esa ansiedad. Sé que lo mejor es no fumar, pero en mi caso fue una forma de aguantar cuando el cuerpo estaba desbordado.
Como escribí en un post anterior, el momento en el que me vi preparado para dejar de fumar fue cuando mentalmente ya me encontraba más fuerte, cuando mi cuerpo dejó de estar en modo supervivencia constante. Y así fue.
Ahora estoy en un punto en el que mi mente está mucho más calmada. También muy cansada de todo lo vivido y necesitando descanso. Con mi cuerpo pasa algo parecido, pero con una diferencia clara respecto a la mente: la memoria corporal.
Me ocurre últimamente que, ante ciertos estímulos o situaciones, mi cuerpo se activa de una manera que no controlo y que no siempre tiene sentido. Cosas que antes sabía gestionar o que no me afectaban, ahora me cuestan mucho más. Y sé que muchas personas se reconocen en esto: el cuerpo reaccionando antes de que puedas pensar.
Mi cuerpo se activa, eso despierta emociones, mi mente se bloquea y durante unos segundos no tengo forma de conectar con ella. Es como si entrara otra vez en modo supervivencia.
Pasado ese primer pico intenso, el cuerpo empieza a bajar, pero la mente no siempre acompaña al mismo ritmo. Ahí aparece esa desincronización entre cuerpo y mente, donde la ansiedad se mantiene aunque ya no esté en su punto más alto.
En esos momentos he vuelto a recurrir al tabaco, saliendo a fumar para bajar la ansiedad de una forma artificial. No es la solución ideal y lo sé, pero todavía no he conseguido regular esos picos intensos de otra manera.
Intento hacer respiraciones y ayudan un poco, pero aún no tienen el efecto que busco cuando la activación es tan fuerte.
Y es aquí donde intento comprender qué es la memoria corporal y cómo afecta al cerebro y a la mente. Sé que mi cuerpo necesita tiempo para volver a sentirse seguro.
También sé que hay situaciones concretas que me conectan directamente con la última relación, donde las heridas y las marcas todavía están muy latentes. Y eso hace que, en determinados momentos, la memoria corporal se active y genere desajustes emocionales que no pasan por la cabeza.
Cuando sales de una situación de trauma, el cuerpo necesita tiempo y, muchas veces, acompañamiento terapéutico para volver a sentirse seguro.
La memoria corporal no funciona como la memoria racional. No guarda recuerdos como historias ordenadas, fechas o imágenes claras. El cuerpo no recuerda lo que pasó, recuerda cómo se sentía estar ahí dentro. Recuerda la tensión, la alerta constante, el miedo previo a que ocurriera algo. Aprende qué se parecía al peligro y qué señales venían antes del daño. Y una vez aprende eso, no lo olvida fácilmente.
Esto no es una metáfora. En neurociencia se habla de memoria implícita, un tipo de memoria que no pasa por el pensamiento consciente. Experiencias intensas quedan registradas en circuitos del cerebro encargados de la supervivencia, no del razonamiento.
Por eso ocurre algo que desconcierta tanto: tu mente sabe que todo terminó, que ya estás fuera, pero tu cuerpo sigue reaccionando como si aún tuviera que protegerte. No porque esté equivocado ni porque no hayas avanzado, sino porque está haciendo exactamente aquello para lo que fue diseñado.
Después de ansiedad, trauma o etapas muy duras, hay una realidad incómoda que cuesta aceptar: el cuerpo va por delante de la mente. Aprende antes, reacciona antes y también tarda más en actualizarse.
El sistema nervioso aprende por repetición. Cuando una situación se repite muchas veces —tensión, inseguridad, miedo, incertidumbre— el cuerpo lo registra como patrón de supervivencia y lo automatiza.
Por eso el cuerpo se activa antes de que la mente pueda intervenir. No lo decides, no se controla con lógica y ocurre incluso cuando sabes racionalmente que ahora todo está más tranquilo. No es falta de conciencia ni de trabajo personal, es que el cuerpo no funciona a base de argumentos, sino de experiencia directa.
Uno de los errores más comunes es interpretar estas reacciones como un retroceso, como si volver a sentir ansiedad o bloqueo significara que todo el camino recorrido no ha servido. Y no es así.
Desde la neurobiología del trauma se entiende que cuando el cuerpo entra en modo supervivencia no está diciendo “todo va mal”, sino algo mucho más simple: todavía no tiene suficiente evidencia interna de que el peligro terminó.
La mente entiende rápido. El cuerpo necesita pruebas. Necesita experiencias repetidas de seguridad, de calma real y de coherencia entre lo que vives y lo que sientes.
No es debilidad ni falta de voluntad. Es memoria implícita activándose.
La memoria corporal no se borra como un archivo. No desaparece de golpe. Se reeduca con tiempo, con experiencias seguras que se repiten, con presencia en el cuerpo y con procesos que no se quedan solo en la cabeza.
Y, sobre todo, se regula cuando dejas de pelearte con ella.
El cuerpo no está roto ni te está saboteando. Está intentando protegerte con las herramientas que aprendió cuando no había otra opción. Y poco a poco, cuando empieza a sentirse seguro de verdad, empieza a soltar. No porque se le obligue, sino porque ya no lo necesita.
Entender esto no lo acelera todo, pero cambia algo esencial: dejas de convertirte en tu enemigo. Y eso, en sí mismo, ya es una forma profunda de cuidado.
Leave A Reply