“Esto también pasará”: visto desde el amor
Una frase sencilla que cambia la perspectiva Hay una frase muy ...
Hay un momento del duelo que confunde bastante. No es el inicio, cuando todo duele y apenas puedes sostenerte. Tampoco es el final, cuando ya miras atrás con cierta calma. Es ese punto intermedio en el que, en teoría, estás mejor… pero de repente algo se mueve por dentro.
Estos días me ha pasado. Una imagen, un recuerdo, una escena breve. No me ha hundido como antes, pero el cuerpo ha reaccionado: tensión, pensamientos que vuelven, un poco de rumiación. Y durante unos minutos me he preguntado si todavía estaba enganchado.
La respuesta, cuando he hecho silencio de verdad, ha sido clara: no.
Lo que he entendido es algo distinto, y bastante importante.
No echo de menos a una persona. Echo de menos una manera de sentirme.
Echo de menos el estado de estar enamorado. La ilusión, la conexión, la sensación de estar vivo, elegido, con un futuro por delante. Echo de menos compartir, proyectar, construir algo con alguien.
Pero no echo de menos la relación real. No echo de menos la inestabilidad, ni el dolor, ni tener que romperme por dentro para sostener algo que, en el fondo, no se sostenía.
Y esta diferencia lo cambia todo.
Antes, el deseo iba dirigido a la persona. Ahora apunta al estado interno. A cómo me hacía sentir estar conectado, ilusionado, abierto. Eso no significa querer volver atrás. Significa que el duelo está cambiando de fase.
Cuando el cuerpo todavía reacciona pero la emoción ya no te arrastra, no es una recaída. Es memoria del sistema nervioso. El cuerpo recuerda la dopamina, el vínculo, la cercanía. Pero el corazón ya no quiere regresar a ese lugar.
Quiere amor, sí, pero amor sano.
Y aunque esto tenga un punto de tristeza, en realidad es una buena noticia.
Porque significa que el sistema no está cerrado. Que el futuro vuelve a existir. Que el deseo ya no nace de huir del vacío, sino de compartir desde la calma.
El dolor que queda no es el de la pérdida. Es el de saber que estás bastante preparado… pero todavía no ha llegado.
Y eso no se fuerza. No se empuja. No se acelera.
Solo se escucha.
Porque cuando ya no echas de menos a una persona, sino una forma de sentirte, no estás atrapado en el pasado. Estás dejando espacio para que el futuro, cuando toque, pueda entrar.
Leave A Reply