Relacions Reflexions

Viktor Frankl para después de una relación que te rompió por dentro

Viktor Frankl para después de una relación que te rompió por dentro

Cuando una relación te cambia más de lo que imaginabas

Hay relaciones que no solo terminan, hay relaciones que, cuando se rompen, te obligan a reconstruirte por dentro.

No hablo solo del dolor de que alguien ya no esté. Hablo de esa sensación más profunda en la que empiezas a cuestionarte muchas cosas a la vez: qué pasó realmente, en qué momento empezaste a perderte, por qué aguantaste situaciones que antes habrías dicho que nunca permitirías.

Cuando sales de una relación dañina, durante un tiempo es fácil quedarse atrapado en una pregunta que no tiene salida: ¿por qué pasó todo esto? ¿Por qué aguanté tanto? ¿Por qué no lo vi antes? ¿Por qué alguien que decía quererme terminó haciéndome tanto daño?

Durante mucho tiempo estuve ahí y en medio de ese proceso recordé una idea de Viktor Frankl para reflexionar.

La última libertad que nadie puede quitarte

Frankl fue un psiquiatra que sobrevivió a los campos de concentración nazis. Perdió prácticamente todo: su familia, su libertad, su vida tal como la conocía. En ese contexto extremo observó algo que cambiaría su forma de entender al ser humano. Descubrió que incluso en las circunstancias más brutales existía un pequeño espacio interior que nadie podía arrebatar. La capacidad de decidir cómo responder a lo que te ocurre.

Frankl lo resumió en una frase muy conocida:

“Al hombre se le puede arrebatar todo salvo una cosa: la última de las libertades humanas. Elegir la actitud personal ante cualquier circunstancia.”

La primera vez que leí esto me hizo pensar mucho, pero después de salir de una relación que me había desordenado bastante por dentro, más fuerza tenia estas palabras. Porque es verdad que hay cosas que no elegimos. No elegimos cómo nos trata alguien, ni las decisiones que toma otra persona, ni muchas de las situaciones que terminan ocurriendo dentro de una relación. Pero sí llega un momento en el que aparece otra pregunta mucho más incómoda.

¿Qué voy a hacer yo ahora con todo esto?

Cuando entiendes que no puedes cambiar el pasado

Durante un tiempo después de una relación dañina es normal quedarse atrapado revisando la historia una y otra vez. Intentas entender cada conversación, cada momento en el que algo empezó a torcerse, cada decisión que tomaste, pero hay un punto en el que te das cuenta de algo bastante simple: el pasado ya no se puede cambiar. No puedes volver atrás para decir lo que no dijiste. No puedes rehacer las decisiones que tomaste desde el lugar emocional en el que estabas entonces. Lo único que queda es el presente y la forma en que decides integrarlo y ahí es donde el concepto de Frankl empieza a cobrar sentido.

La voluntad de sentido después del dolor

Frankl decía que el motor principal del ser humano no es el placer ni el poder. Es la voluntad de sentido, la necesidad de que nuestra vida tenga algún significado, incluso después de atravesar algo difícil. Y creo que esto se entiende especialmente bien cuando sales de una relación que te ha hecho perder bastante de ti mismo.

Durante un tiempo sientes rabia, tristeza, confusión. A veces incluso vergüenza por haber aguantado ciertas cosas. Pero poco a poco empieza a aparecer otra posibilidad: mirar todo lo vivido desde otro lugar. No para justificar lo que pasó ni para romantizar el dolor, sino para preguntarte qué puedes aprender de todo eso.

El momento en que recuperas tu espacio interior

Para mí hubo un momento bastante claro en ese proceso y no fue un momento dramático ni una revelación enorme, fue más bien algo silencioso. Empecé a reflexionar de que seguir enfocado en lo que la otra persona hizo o dejó de hacer ya no cambiaba nada. Lo único que realmente estaba en mis manos era cómo quería vivir a partir de ese momento.

Si iba a quedarme definido por esa historia o si iba a usarla para entenderme mejor, si iba a convertirme en alguien más cerrado o en alguien más consciente de lo que quiere y lo que no. Ahí es donde la idea de Frankl deja de ser una frase bonita y se vuelve algo muy práctico. La libertad interior no significa que no duela lo que pasó, significa que decides que ese dolor no va a dirigir el resto de tu vida.

Transformar la experiencia en algo que te haga más consciente

Frankl decía que incluso el sufrimiento puede tener sentido cuando lo transformamos en aprendizaje, no porque el sufrimiento sea necesario, sino porque cuando ya ha ocurrido, siempre queda una última posibilidad: decidir qué hacemos con él. En mi caso esa experiencia me obligó a revisar muchas cosas. Mis límites, mi forma de amar, las señales que decidí ignorar, la manera en la que a veces confundí cuidado con aguantar demasiado. Nada de eso fue agradable de mirar, pero sí fue profundamente transformador.

Donde empieza realmente la reconstrucción

Después de una relación dañina es fácil quedarse en la narrativa del daño recibido y en muchos casos es necesario pasar por ahí para entender lo que ocurrió, pero la reconstrucción empieza cuando la pregunta cambia.

Cuando dejas de preguntarte únicamente qué te hicieron y empiezas a preguntarte qué tipo de persona quieres ser a partir de ahora, esa es, en el fondo, la última libertad de la que hablaba Viktor Frankl. No elegir siempre lo que nos ocurre pero sí elegir qué hacemos con lo que nos ha ocurrido, y a veces, cuando atraviesas una relación que te rompe un poco por dentro, esa libertad se vuelve mucho más real que antes.

Leave A Reply

L'adreça electrònica no es publicarà. Els camps necessaris estan marcats amb *

Subscriu-te al meu butlletí!

Si vols estar al dia dels meus articles, segueix-me a Instagram: @emotionsdev o deixa la teva adreça de correu electrònic per rebre notificacions de les noves publicacions!

Sense correu brossa.