Analògies

Cuando te cuesta sentirte admirado: cómo recuperar tu valor

Cuando te cuesta sentirte admirado: cómo recuperar tu valor

Cuando empiezas a salir de un duelo traumático y puedes empezar a mirarte, puedes también ver que puntos tienes tocados, hacerte preguntas y abrir más tu mente. No se trata de quedarte con tus creencias sinó de cuestionarte esas creencias limitantes y que te boicotean, y estar abierto a que la vida te muestre que estás equivocado. Tener la mente abierta.

Cuando empiezas a preguntarte si alguien puede admirarte de verdad

El otro día estaba viendo un carrusel de Antonio Bolinches donde, resumidamente, hablaba de que los hombres desean ser admirados y las mujeres admirar. Eso me hizo reflexionar y mirar hacia atrás, en mis relaciones pasadas y especialmente esta última a la que debo tomar más atención.

Generalmente, por no decir siempre, he admirado más a mi pareja y me he sentido poco admirado. Lo de sentirme poco admirado es mi responsabilidad porque obviamente es un talón de Aquiles: mi falta de autoestima. Cuando creo haberla trabajado, la vida me sigue demostrando que la sigo teniendo muy mal trabajada, y eso me preocupa bastante, sinceramente, porque por más que sepa la teoría, aunque sea consciente de muchas cosas mías, no acabo de sentirlo en mí para integrarlo.

Un momento que remueve por dentro

Bueno, pues me pasó algo más como para recordar.
El compañero de vida de mi hermana compuso el Te Deum, la obra final del Milenario de Montserrat (magia para los oídos y para encontrarte, puro espectáculo de verdad), y estábamos invitados para ir a verlo en la basílica de Montserrat y también de paso cuidar a los niños 😉 para que mi hermana pudiera escuchar la obra tranquila junto a su pareja.

Yo pude entrar en el ensayo final, que era abierto al público, y en ese momento no estaba con los niños. Cuando entré y me senté para escuchar la música, cerré los ojos y me emocioné, la segunda vez en “poco tiempo”; la anterior fue hace unos días, y esta vez un poco más y rompo a llorar. Me faltó nada… ¡NADA! Pero no sé si fue mi mente o yo, que no pude abrirme y llorar tranquilamente, aunque pude desahogarme mucho. Sentí como si un gran peso se fuera. Aprovechaba ese momento para respirar, pedir, agradecer…

Los niños como espejo

Más tarde salimos a ver a mi hermana y los niños, y también estaba la hermana de mi cuñado, que traía a uno de sus hijos (que apenas he visto, quizás unas dos o tres veces en mi vida, y ahora explico por qué aclaro esto).
Al verme, viene sonriendo y me dice: “Cántame la canción del niño y la caca”. Me hizo muchísima gracia porque era una improvisación que hice este verano y de la canción ya ni me acordaba (por suerte la tengo grabada en vídeo). Le dije que otro día traería el ukelele y la tocaría, pero que hoy no lo traía.

Después mis sobrinos me pedían que les explicara el cuento del niño despistado, otra improvisación que hice un día y que siempre que les cuento el cuento, se parten de risa. Al final accedí a contarles el cuento y verlos reír un ratito.

La pregunta incómoda

Al volver a casa, estuve dándole vueltas a lo de si alguien podía admirarme también, a qué de especial podía tener yo como para ser admirado. Y eso me hizo darme cuenta de que no tengo la autoestima trabajada. Entonces recordé el momento de los niños, donde me pedían una canción o un cuento con una sonrisa, felices…

Y me dije: ¿Eso no es motivo para admirar, Jordi?

Empezar a verte con otros ojos

Y me tuve que decir: eres creativo, haces reír a los niños, dejas un recuerdo en ellos, compones canciones, te inventas cuentos de la nada, escribes libros y cuentos (aunque no estén acabados), no te dan miedo las emociones e intentas aprender de ellas, tienes muy buenos amigos que te quieren, tratas de hacer sentir bien a los demás, cuidas…

Creo que eso me ha hecho sentirme mejor y empezar a dejar atrás un año y medio bastante intenso. Me he dado cuenta hoy, cuando he tenido que rescatar unos vídeos del verano cantando la canción del niño y la caca. Había borrado hace casi dos meses todas las fotos para no tener que seleccionar lo que me dolía ver. Y ahora, esta vez, solo he visto a una desconocida junto a mí, porque la persona que creía haber conocido realmente no existe… y la persona que existe no encaja para nada en mi vida.

La autoestima como un sistema mal configurado de permisos

En informática, absolutamente todo—archivos, carpetas, variables sensibles, bases de datos—funciona mediante permisos de acceso, lo que en sistemas se conoce como ACL (Access Control List).

Los permisos más comunes son:

  • Read (leer) → pueden ver el contenido
  • Write (modificar) → pueden cambiarlo
  • Execute (ejecutar) → pueden activar o usar algo
  • Denied (denegado) → no tienen acceso

Esto lo sabe cualquiera que haya trabajado con directorios de empresa: no todo el mundo puede entrar en todas las carpetas, ni mucho menos modificar archivos sensibles.
Porque si cualquiera pudiera tocar ciertos archivos… el sistema se rompería o podrían acceder a datos sensibles.

¿Qué pasa cuando un valor crítico se deja abierto?

Tu autoestima funciona igual que un recurso del sistema.
Es un valor crítico que debería tener permisos muy concretos.

Pero cuando, por desgaste emocional, cansancio o necesidad de afecto, dejas ese “archivo” en modo:

public int Autoestima = 100;

sin protección, cualquier usuario externo puede modificarlo:

Autoestima -= comentarioDestructivo;
Autoestima -= comparaciónInjusta;
Autoestima -= indiferencia;

Y entonces ocurre lo inevitable:

  • tu sistema se vuelve inestable
  • tu energía baja
  • tus reacciones cambian
  • tu rendimiento emocional se reduce
  • empiezas a sentirte “roto”… aunque no lo estés

El problema nunca fue tu valor interno. Fue quién tenía permiso para tocarlo.

(Esto también nos recuerda a uno de los posts donde hablábamos de la autoestíma, puedes leerlo pulsando AQUÍ)

La admiración inesperada como un “Access Granted” sano

En mi caso:
Cuando ese niño me pidió la canción…
cuando mis sobrinos querían que les contara el cuento…
cuando reían conmigo…

Ellos no “escribian” nada en mi autoestima.
No la modificaban.
No la bajaron ni la subieron.

Simplemente me la mostraron.

Podriamos decir que son usuarios con permiso:

Access = ReadOnly;

Pueden ver mi valor, disfrutarlo, reflejarlo…
pero no pueden dañarlo.

Y esa es la magia:
esa mirada limpia, inocente, sin juicio, sin exigencias… me enseñó un valor que yo había olvidado revisar.

Me enseñó un rincón de mi sistema que seguía intacto.

Y ahora una lección para nosotros…
¿Cómo reconfigurar nuestros permisos internos?

Igual que en sistemas, nuestra autoestima necesita una buena ACL emocional:

Limita quién tiene permiso de Write

No cualquiera puede opinar sobre nosotros.
Mucho menos definirnos.

Restringe totalmente el Delete

Nadie debería tener poder para borrar nuestra valía.

Permite Read solo a quien nos ve con verdad

Personas sanas, que suman, que respetan.

Full Control: solo para nosotros mismos

Somos los administradores de nuestro sistema.
Nosotros decidimos qué entra, qué se queda y qué se cierra.

Conclusión

A veces no es que falte autoestima.
Es que hemos dejado la carpeta más importante del sistema demasiado accesible.

Y en el ejemplo de hoy, la vida a través de una risa, una canción improvisada o un niño que me pide repetir un cuento…
me recuerda que mis permisos internos necesitan actualizarse.

La admiración existe.
Nuestro valor existe.
Solo falta mirarnos con los permisos correctos.

Leave A Reply

L'adreça electrònica no es publicarà. Els camps necessaris estan marcats amb *

Subscriu-te al meu butlletí!

Si vols estar al dia dels meus articles, segueix-me a Instagram: @emotionsdev o deixa la teva adreça de correu electrònic per rebre notificacions de les noves publicacions!

Sense correu brossa.